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El concilio de amor, libro de Oskar Panizza (1894)

Contraportada

Un Dios Padre senil y cansado, aturdido por las voces aduladoras de los ángeles; un Jesús indolente, derrotado y en decadencia; y una María obsesionada por el sexo y cansada de ser virgen, decidirán pedir los servicios del Diablo para desatar una plaga que castigue a los hombres por sus excesos.

Escrita por Oskar Panizza en 1894 y ambientada en la corte papal de los Borgia, esta obra (en la que en su día un tribunal encontró noventa y tres blasfemias manifiestas) está marcada por una poesía desbordante, negra y despiadada gracias a la cual el Diablo, creador por encargo del Sumo Hacedor de la sífilis, se convierte en el más grande exponente de la dignidad humana.

Crítica

Yo conocí a Oskar Panizza a través de algunos relatos como La fábrica de hombres. Tanto me gustó que decidí leer poco a poco toda la obra de este médico y escritor alemán, nacido el 11 de noviembre de 1853 en Bad Kissingen (Baviera) y fallecido el 28 de septiembre de 1921 en Múnich. El concilio de amor es una obra de teatro brutal dividida en cinco actos en los que Panizza deja bien claro que iba en serio en cuanto a la defensa de la libertad de expresión y contra toda censura. De hecho, como ya he advertido anteriormente, esta obra fue atacada sin piedad en su momento (Oskar Panizza pisó la prisión, además de acabar ingresado en un centro psiquiátrico), incluso en 1994 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ratificó la prohibición de una película basada en El concilio de amor. En multitud de ocasiones el intento de representar esta obra ha quedado en eso, un intento gracias a los cortitos de mente. No es de extrañar que Oskar Panizza sea un total desconocido para gran parte de los lectores. De hecho, no es fácil encontrar su obra en español a menos que busquemos en librerías de segunda mano, así que tenemos que agradecer a la editorial pepitas de calabaza la edición de El concilio de amor con traducción del alemán por Luis Andrés Bredlow, prólogo de André Breton y epílogo de Julio Monteverde.

La religión católica no sale bien parada en El concilio de amor, pues nos encontramos ante un Dios cansado, sordo y harto de vivir, hasta tal punto que ni tiene fuerzas ni para volver a crear desde cero a la raza humana. Además, no puede contar con la ayuda de un Jesús desahuciado que da más lástima que otra cosa. Los ángeles, quienes también cuestionan la vida en el cielo, no van más allá de simples palmeros de la jerarquía existente, aburridos de todo y contemplando a una María que juguetea con el Diablo, quien a su vez llega a un acuerdo con los ‘buenos’ para poder, entre otras cosas, pedir libertad de pensamiento. Sí, has leído bien, ¡libertad de pensamiento!

Desde mi más humilde opinión, este escritor maldito de la literatura alemana debería tener más reconocimiento del que tiene, y como bien pide el Diablo, ¡libertad de pensamiento!

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